Crisis energética y cambio climático: Desafíos regionales para su superación
Pablo Bertinat, Taller Ecologista Programa Conosur Sustentable, Argentina
* Presentación en la “Conferencia Internacional de gobiernos y movimientos sociales “Integración regional: una oportunidad frente a las crisis” (Paraguay, 21 y 22 Julio 2009)
El debate sobre la crisis y el futuro energético aún no ha incorporado un análisis sobre la relación entre la demanda energética, los modelos productivos, los derechos de la población y la sustentabilidad en el uso de los recursos y los territorios.
Tal como se plantea en el ámbito de la justicia climática, los costos del desarrollo energético y la responsabilidad por sus impactos son diferenciados.
En este contexto, es evidente que lo que está en juego en la discusión sobre el desarrollo energético en nuestra región es la dinámica del modelo de desarrollo vigente, donde la apuesta por el crecimiento económico sostenido ha significado un aumento de la demanda por insumos energéticos para satisfacer a los sectores productivos, especialmente a aquellos vinculados a la extracción, transporte y exportación de materias primas o comoditties (como recursos naturales con bajo procesamiento).
En consecuencia, avanzar en el problema energético en el marco de la actual crisis climática y económica requiere una revisión y transformación profunda del modelo de producción intercambio y consumo vigente.
El futuro energético como desafío global de alcance local, debe considerar el derecho de las personas, comunidades y naciones de acceder a fuentes energéticas limpias y seguras, y debe asegurar la sustentabilidad ambiental de los recursos naturales, los ecosistemas y territorios.
Pero veamos algunos elementos de la realidad energética de la región.
En América Latina y el Caribe la producción de energía depende en un 42% del petróleo, un 27% del gas un 11% de la hidroenergía y un 8% de la leña en términos generales.
Los principales productores de petróleo son: Méjico (37%), Venezuela (27%), Brasil (17%), Argentina (8%) y luego le siguen Ecuador y Colombia.
Los principales productores de gas natural en el continente son: Méjico (34%), Argentina (23%), Venezuela (18%) y le siguen, Brasil, Bolivia, Perú.
Una cara de la sangría energética podríamos decir que es directa, por ejemplo Colombia exporta prácticamente la mitad de su producción, de la cual el 99% va a Estados Unidos, Ecuador exporta el 90% de su producción, de la cual más del 60% va a Estados Unidos.
Si ponemos la mirada en el otro extremo de la ecuación, el consumo, un tema en general poco abordado, podemos observar que aproximadamente el 35% de la energía que se consume en el continente es para el sector transporte. Dentro de este sector podemos observar amplias diferencias por regiones, por ejemplo Centro América consume prácticamente la mitad de energía en el transporte, Méjico más del 60%, la zona andina el 34% y el Conosur el 28%.
El segundo sector en intensidad de consumo es el sector industrial, que representa aproximadamente el 30% del total de la energía consumida. Aquí también encontramos fuertes diferencias subregionales, mientras en el Conosur este porcentaje es del 36% en la zona andina es del 11%.
Finalmente el sector residencial consume aproximadamente el 13% de toda la energía consumida en el continente, esta es la energía que llega a la gente.
Hablamos de la sangría energética directa anteriormente pero es necesario referirse a una sangría indirecta, tal vez más importante que aquella. Es la energía que se va exportada como energía virtual incluída en muchos productos regionales.
Hablamos por ejemplo de la energía incorporada en los productos agrícolas como la soja, que como producto de un modelo agroindustrial se va exportada no solo cargando nutrientes y agua sino también energía de la región en forma de agroquímicos, combustibles, etc.
Y hablamos fundamentalmente del modelo de producción industrial impuesto. Hemos vivido en las últimas décadas un proceso de transferencia de sectores industriales desde los países desarrollados hacia los nuestros, esto tiene que ver con sectores altamente intensivos en energía, contaminantes y que general relativamente bajo valor agregado. Estos sectores llegaron buscando energía barata y abundante en términos relativos con la existente en otros países.
De esta manera podemos ver como la industria de Brasil y Argentina usan intensos recursos energéticos para producir productos para la exportación.
Por ejemplo, en la industria de Brasil los sectores que más consumen son el del aluminio primario que exporta el 70% de su producción, el acero, que exporta el 36% de la producción, la celulosa que exporta la mitad de su producción y otros sectores de manera similar. Lo mismo podemos observar en Argentina para los sectores del aluminio, de la petroquímica, de la agroindustria, la siderurgia, etc.
Volviendo a Brasil, un poco más del 15% de toda la energía eléctrica que consume Brasil es exportada incluída en los productos que indicamos.
Pero es necesario pensar todo esto en el marco de un modelo extractivista que ha permitido que las exportaciones de la región hayan crecido entre 1995 y 2007 un 240% de promedio con picos en algunos países de más del 400%. Donde si observamos que es lo que exportamos veremos que son básicamente productos primarios o aquellos productos industriales a los que nos referimos anteriormente. Y solo el 20% de esas exportaciones quedan en la región, la parte más importante va a otras regiones.
Frente a esta crisis aparece la oportunidad de modificar esta estructura de producción asociada al mercado externo. Pensar que es viable seguir con un modelo extractivista de esas características es prácticamente suicida.
Pero veamos en este marco cual es el rol que viene jugando el llamado proceso de integración energética en la región.
La discusión de la integración energética lleva ya casi cuatro décadas. En una primera etapa fue llevada adelante con una importante participación de los estados nacionales con sus empresas del sector.
Durante los noventa, los planes de integración tuvieron un nuevo impulso con un enfoque fuertemente liberal. Allí estuvo el rol del consenso de Washington, la Iniciativa de las Américas, etc. Las reformas significaron la eliminación de los obstáculos a las operaciones de las empresas privadas nacionales y extranjeras en todas las ramas y sectores. Significó por ejemplo las privatizaciones y entrega de la soberanía sobre los recursos energéticos.
La llegada de los gobiernos progresistas en la región aún no ha logrado cambiar lo que significó tal vez la mayor derrota que es el haber quedado instaurada la idea de energía como mercancía, lógica que impregna no solo al accionar de las empresas privadas sino también a todas las públicas que actúan de la misma manera.
En concreto, la realidad física nos muestra un grado de interconexión importante, gasoductos, oleoductos, electroductos que marcan como cicatrices la región. La mayoría de ellos fueron realizadas con fondos públicos y con incrementos de deuda.
Sin embargo todo este crecimiento de infraestructura sumado al incesante crecimiento de la producción de energía de las últimas décadas no ha podido resolver la cuestión central. Esta es la realidad de que en América Latina y el Caribe existen aún más de 40 millones de personas que no tienen electricidad y más de 80 millones de personas que aún cocinan con biomasa en condiciones que afectan su salud. Este es el problema energético.
Probablemente algunas de las cuestiones a tener en cuenta a la hora de poder pensar en el avance de un proceso de integración energética que contribuya al desarrollo de la soberanía energética estén relacionadas con:
- Considerar a la energía como un derecho de los pueblos y no como una mercancía.
- Derecho para la subsistencia, el mejoramiento para la calidad de vida y el desarrollo de sistemas productivos locales.
- Derecho de las comunidades a los territorios y sus bienes naturales.
- La necesidad de la participación democrática de la población en los procesos de tomas de decisión, especialmente en temas que involucren sus territorios.
- La idea de que la seguridad energética debe estar basada en la soberanía de los pueblos sobre sus recursos.
- La necesidad de eliminar la circulación superflua de mercancías que incrementan su contenido energético y además destruye las producciones locales.
- Construir relaciones entre los países y los pueblos que se orienten a la cooperación y complementación energética orientada solidariamente a satisfacer las necesidades de los pueblos.
- Pero necesita también de un fuerte cuestionamiento sobre el tipo de bienes que producimos, para quienes se producen, de que manera y quienes se benefician.
Frente a la situación de crisis pudimos ver diferentes reacciones en nuestros países. También estamos viendo como perdemos la posibilidad de alternativas frente a ella.
Por ejemplo podemos indicar como una medida que no aporta a salir estructuralmente de esta situación a las medidas tomadas por diversos gobiernos frente a la crisis de las automotrices que frente a la misma solo atinaron a generar créditos para incrementar el consumo y garantizar la viabilidad de una industria que debería tener fecha de muerte en función de la racionalidad ambiental.
Vemos también la posibilidad que se dilapida al no avanzar seriamente en la construcción de un modelo agrícola de producción basado en la agricultura campesina en lugar del depredador modelo agroindustrial. Esta posibilidad de generar otro modelo a través de herramientas legislativas, normativas, fiscales, etc permitiría generar empleo, generar mayor “riqueza” e intrínsecamente producir un incremento de la eficiencia energética ya que intrínsecamente este modelo productivo requiere mucho menor cantidad de energía para su proceso.
Estos solo son dos ejemplos de herramientas erróneas y correctas a nuestro entender.
Finalmente algunas ideas referidas al contexto del proceso de integración energético: Roberto Espejo en un artículo reciente recuerda que hace más de 30 años Ivan Illich decía que hablar de crisis energética era ambiguo ya que descansaba sobre la idea, errónea según él, de que la sociedad necesitaba siempre niveles más elevados de energía.
Realmente es necesario rediscutir si es correcta la idea de que la sociedad necesita cada vez más energía para poder desarrollarse.
Muchos han trabajado ya el vínculo fundamental entre crecimiento económico y los límites de la naturaleza. En un mundo finito es imposible aspirar a un crecimiento sin límites.
Al decir de Enrique Leff el problema pasa por “¿Cómo desactivar el crecimiento de un proceso que tiene instaurado en su estructura originaria y en su código genético un motor que lo impulsa a crecer o morir? ¿Cómo llevar a cabo tal propósito sin generar como consecuencia una recesión económica con impactos socioambientales de alcance global y planetario?
Y agrega: ”Esto lleva a una estrategia de deconstrucción y reconstrucción, no a hacer estallar el sistema, sino a re-organizar la producción, a desengancharse de los engranajes de los mecanismos de mercado, a restaurar la materia desgranada para reciclarla y reordenarla en nuevos ciclos ecológicos…En este sentido la construcción de una racionalidad ambiental capaz de deconstruir la racionalidad económica, implica procesos de reapropiación de la naturaleza y reterritorialización de las culturas.”
Es necesario construir otra economía que garantice la preservación de los ciclos naturales, que aborde cíclicamente los procesos. Es necesario rediscutir los mecanismos y formas a través de los cuales satisfacemos nuestras necesidades.
Pero no hay dos tiempos. Es necesario avanzar en la lucha contra la pobreza, contra la indigencia al mismo tiempo que se construye otra economía y otro modelo productivo. Lo que está claro, es que el neodesarrollismo instaurado por los gobiernos de la región no podrá en ese marco resolver el tema de la energía y tampoco el de la gente.
Y estos temas debemos verlos en la práctica concreta ya que actualmente uno de los mayores peligros que enfrentamos en el marco de la crisis es que los gobiernos de la región impulsen como alternativa planes de infraestructura regional como el IIRSA que, con la excusa de la generación de empleo terminen de crear las herramientas que afiancen un modelo productivo extractivista y expoliador desarrollado además con dineros públicos.
Hoy más que nunca es necesario plantear la vieja consigna de energía para que y para quien.

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